El cultivo del tomate rosado requiere cuidados especiales debido a la delicadeza y fina piel de sus frutos. Se inicia mediante almácigos protegidos del frío, trasplantando las plántulas a una distancia de 30 a 60 cm entre plantas en suelos sueltos o caballones, y necesita riegos constantes sin encharcar junto con tutores para sostener el peso de la mata.
Preparación y Siembra
Almácigos: Comienza la siembra en semilleros protegidos o almácigeras con sustrato liviano y rico en compost. [1, 2, 3]
Fechas: Realiza el almácigo al finalizar el invierno para trasplantar cuando el riesgo de heladas haya pasado o directamente bajo invernadero. [1, 2, 3]
Trasplante: Pasa las plantas al suelo definitivo cuando midan unos 15 cm y tengan de 4 a 6 hojas verdaderas, enterrando una parte del tallo para estimular más raíces. [1]
Cuidados del Cultivo
Marco de plantación: Deja entre 30 y 60 cm de separación entre cada planta y unos 60 cm entre surcos o líneas para asegurar buena luz y aireación. [1, 2]
Riego: Mantén la humedad constante en la tierra; la falta o exceso brusco de agua provoca que el fruto se raye o abra con facilidad. [1, 2]
Entutorado y Poda: Coloca cañas o tutores desde el inicio para guiar el crecimiento y retira periódicamente las hojas inferiores más viejas para mejorar la ventilación del primer ramo de tomates. [1, 2]